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Sondra Macollins advierte sobre el avance de las disidencias: “La paz se hace con hechos, no con cuentos”
En un pronunciamiento público, Macollins afirmó que lo que se ha conocido recientemente prende las alarmas del país, al evidenciar que las disidencias continúan fortaleciendo su control territorial, reclutando niños y jóvenes, y sembrando miedo entre las comunidades.
Una realidad que contradice el discurso oficial
Sondra cuestionó la distancia entre el discurso institucional y lo que viven miles de familias en las regiones: “Mientras en Bogotá dicen que todo va ‘bien’, en los territorios las disidencias siguen reclutando niños y jóvenes, callando firmantes y creciendo como si nada.”
Para ella, negar esta realidad no solo es irresponsable, sino peligroso, porque deja desprotegidas a comunidades que conviven diariamente con amenazas, extorsión y violencia.
Reclutamiento forzado y silencio impuesto
Uno de los puntos más graves que resaltó Macollins es el reclutamiento de menores, una práctica que, según advirtió, sigue ocurriendo sin una respuesta estatal contundente.
A esto se suma el silenciamiento de firmantes de paz, lo que refuerza el clima de miedo y desconfianza en los territorios.
Para la Mujer de Hierro, estos hechos demuestran que la ausencia del Estado sigue siendo aprovechada por estructuras armadas ilegales.
“La gente no necesita discursos”
Sondra fue clara al marcar una línea frente a la retórica política: “La gente no necesita discursos: necesita que el Estado se aparezca, ponga orden y proteja a las familias que viven con miedo todos los días.”
En su visión, la seguridad no se construye con comunicados ni narrativas optimistas, sino con presencia real del Estado, control territorial y protección efectiva a la población civil.
Paz con autoridad y protección a la ciudadanía
Macollins cerró su mensaje con una definición contundente de lo que, a su juicio, debe ser la paz: “La paz se hace con hechos, no con cuentos.”
Con esta afirmación, reiteró que cualquier política de seguridad o de paz debe tener como eje central a las víctimas, a las comunidades y a las familias que hoy viven bajo amenaza, y no a quienes ejercen la violencia.
Su pronunciamiento refuerza una postura firme: sin autoridad del Estado, sin protección a la niñez y sin control del territorio, no puede hablarse de paz real.