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Turismo Gastronómico: El Nuevo Motor del Desarrollo Rural de Colombia
En Colombia, el turismo siempre se ha visto como un sector independiente, desconectado de la productividad rural. Mi visión es completamente distinta: convertir el turismo gastronómico en la locomotora que eleva directamente los ingresos campesinos, impulsa la identidad regional y dinamiza las economías locales. La comida deja de ser entretenimiento y pasa a ser política agrícola de alto impacto.
1. La receta para multiplicar la prosperidad rural
a. Cada turista trae demanda real al campo
El turismo gastronómico no gira alrededor de hoteles o restaurantes, sino de ingredientes. Un turista que viaja para probar un mute santandereano, un sancocho vallecaucano o un pescado del Pacífico está financiando, sin darse cuenta, a los agricultores, pescadores y transformadores locales.
Un país que organiza su turismo alrededor de sus sabores, organiza también la demanda que sostiene a sus campesinos.
b. Cada restaurante tradicional compra al territorio
En este modelo, los restaurantes que hacen parte de las rutas gastronómicas tendrán incentivos para adquirir mínimo el 60% de sus insumos a productores locales, enlazándose directamente con asociaciones campesinas, plazas de mercado renovadas, biofábricas y centros de acopio tipo IDEMA.
Esto significa menos intermediación, precios más justos y un margen mayor para el productor.
c. Cada región construye una ruta gastronómica que la diferencia del mundo
No es solo vender platos: es vender origen.
Propongo que cada departamento defina su Ruta Gastronómica Oficial, construida junto a productores, cocineras tradicionales, turismo comunitario y universidades.
Ejemplos:
- Ruta del Cacao Fino y Microlotes del Huila
- Ruta de las Pacíficas y Ahumados del Chocó
- Ruta del Café Canephora y Maíces Ancestrales de la Orinoquía
- Ruta del Coco, Panela y Sabores de Darién
Cada ruta será un ecosistema que conecte:
productor → cocinero → turista → comercio local → empleo rural.
d. La gastronomía como política agrícola
Esto es clave: la gastronomía deja de ser cultura y pasa a ser economía productiva.
En mi gobierno, los programas agrícolas y turísticos se integrarán en una sola política:
- Compras públicas (Ley 2046) alineadas a productos que alimentan rutas gastronómicas.
- Centros regionales de innovación gastronómica (SENA/universidades) que transformen materia prima rural en productos comerciales.
- Certificaciones de origen y trazabilidad por blockchain en Socraci.
- Diplomacia gastronómica: embajadas convertidas en promotoras de turismo culinario y exportación.
Como presidente, haré que la gastronomía colombiana sea un activo económico estratégico, no un accesorio cultural.
2. ¿Qué logra Colombia con este modelo?
✔ Aumento inmediato del ingreso campesino
La demanda turística impulsa más cosecha, más transformación y más empleo local.
✔ Más identidad territorial
Cada municipio tiene un plato, un ingrediente, un relato que contar.
✔ Más competitividad internacional
La gastronomía es una ventaja comparativa imposible de copiar.
✔ Más formalización rural
Restaurantes, fincas agro-turísticas, cocineras tradicionales y productores entran a cadenas de valor formales.
✔ Más seguridad alimentaria
El país produce más y depende menos de las importaciones.
3. KPIs (2026–2030)
Totalmente alineados con tu plan de gobierno:
- 200 rutas gastronómicas municipales y 32 departamentales.
- +30% ingreso promedio para productores vinculados a rutas.
- 50 centros de innovación gastronómica para transformar alimentos en la región.
- +1 millón de turistas gastronómicos al año.
- Exportaciones culinarias (café especial, cacao fino, miel, superfoods) +100%.
- Sello “Cocina de Origen – Colombia” para estandarizar calidad y trazabilidad.
Conclusión
El turismo gastronómico no será un accesorio de la economía: será el puente que conecta la ciudad con el campo, el turista con el campesino, y el desarrollo con la identidad. En mi modelo de país, la comida colombiana no solo alimenta mesas, sino que alimenta oportunidades, dignidad y prosperidad rural.