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La Estrategia Colombia–Oferta, Diplomacia Comercial y Agro-Gastronomía
Colombia necesita una visión que unifique su política exterior, su economía interna y la riqueza natural y cultural que nos define. Durante décadas estos elementos han operado de manera aislada: un agro abandonado, una gastronomía subvalorada, un turismo desconectado del territorio, exportaciones fragmentadas y una diplomacia que no se ha medido por resultados económicos concretos.
En mi visión de país —que desarrollé inicialmente en el artículo “Los embajadores: vendedores del país y motores de prosperidad local” publicado en Socraci— formulo una estrategia donde Colombia deja de competir desde la desventaja y empieza a hacerlo desde su mayor fortaleza: nuestra identidad productiva y cultural.
📎 Artículo completo: https://socraci.com/view-post/1jfi9t2
Esta visión se basa en un principio simple pero transformador:
Colombia debe convertirse en un país que exporta cultura, experiencia y territorio; y que usa esa demanda para fortalecer el agro, la industria regional y el empleo local.
Para lograrlo, propongo una transformación de la diplomacia y del modelo productivo:
1. Diplomacia Comercial basada en Oferta y Resultados
Los embajadores ya no serán figuras protocolares. Serán gestores comerciales de alto nivel, medidos por indicadores verificables:
- Turismo gastronómico que generan desde su país de misión.
- Volumen de productos colombianos adquiridos a través de una plataforma nacional unificada tipo Alibaba Colombia.
- Inversión extranjera directa, ajustada al tamaño y potencial del país origen.
La función diplomática se convierte en motor económico, con metas claras, incentivos y medición pública.
2. Turismo gastronómico como engranaje del desarrollo rural
El turismo no es un sector aislado. En el modelo que propongo se convierte en un multiplicador directo del ingreso campesino:
- Cada turista trae demanda de ingredientes locales.
- Cada restaurante que vende un plato típico compra directamente al productor.
- Cada región construye una ruta gastronómica que la diferencia y la posiciona.
La gastronomía deja de ser entretenimiento y se convierte en política agrícola.
3. Restaurantes como compradores directos del campesino
Para romper la intermediación abusiva, los restaurantes del país—desde plazas de mercado renovadas hasta restaurantes de alta cocina—serán integrados a una red de abastecimiento directo:
- precios más justos,
- trazabilidad,
- productos frescos,
- identidad territorial como ventaja competitiva.
Los grandes productores seguirán abasteciendo industria y retail; los pequeños y medianos abastecerán gastronomía y turismo.
4. Jóvenes en el campo: del abandono a la oportunidad
Este modelo crea un campo atractivo para los jóvenes:
- no como campesinos tradicionales,
- sino como agroemprendedores, gastronómicos, transformadores, tecnólogos, operadores turísticos y productores de alimentos con valor agregado.
La riqueza se queda en la región. Se multiplica. Se hereda.
5. Clústeres agro-gastronómicos por vocación regional
Cada región tiene lo suyo:
- Pacífico: pesca artesanal, coco, viche, encocados.
- Caribe: yuca, ñame, frutas tropicales, dulcería.
- Andes: papa, maíz, lácteos, café, legumbres.
- Amazonía: frutos nativos, productos de selva.
- Orinoquía/Altillanura: granos, robótica agrícola y agroindustria a gran escala.
La política pública ya no empuja productos artificiales; potencia lo que la región ya es.
6. Resultado: un país que vende desde su identidad
El modelo completo genera un círculo virtuoso:
- Los embajadores traen turistas, compras e inversión.
- Los turistas mueven gastronomía.
- La gastronomía compra a los campesinos.
- El campesino prospera y reinvierte.
- Los jóvenes vuelven al campo.
- Las regiones exportan cultura, productos y experiencias.
Esto convierte a Colombia en un país competitivo, moderno y coherente.