★ Causa destacada

CONOCERSE A SÍ MISMO
Orienta conocerse a sí mismo. La naturaleza energetica viviente. El Alma. Lo que comunmente se confunde con el Espiritu Divino que es inmanente a todo lo creado incluida nuestra Vida sin pertenecernos (ya lo entenderá).
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El conocimiento del Ser y de la Vida como fundamento de la educación, la convivencia y la organización social, La humanidad ha alcanzado un extraordinario desarrollo en numerosos campos del conocimiento. Ha aprendido a observar el universo, transformar la materia, construir tecnologías, organizar economías, crear instituciones, establecer sistemas políticos y transmitir enormes cantidades de información entre generaciones.
Sin embargo, permanece abierta una pregunta anterior a todas ellas:
¿Cuánto conoce el ser humano acerca de sí mismo?
La presente Propuesta Civilizatoria parte de considerar que ningún proceso educativo, social o político puede desarrollarse plenamente si el individuo que piensa, decide, convive, administra, gobierna o ejerce poder desconoce los procesos fundamentales de su propia naturaleza viviente.
La base organizacional es la participación voluntaria de toda comunidad hacia un objetivo común
OBJETIVO: Ganar el mayor numero de las curules, que ofrece la Administración Publica, para el pueblo organizado.
Nuestro objetivo común la fijamos en dos ejes interdependientes: 1-) Fortalecer la autonomía social de gobierno del pueblo para y por el pueblo. 2-) Tomar posesión del máximo de las curules asegurando la gobernabilidad en la administración de los bienes naturales de la Nación. Para las próximas elecciones regionales.
Acá se pretende presentar de una manera muy sucinta el “conducto regular” que establece nuestra CPC pero hasta la presente, por lo general y en su mayoría, ha estado manipulado por intereses partidistas, familiares, compadrazgos y toda una serie de componendas o amangualamientos que permiten toda una serie de transgresiones y delincuencias que afectan el patrimonio y estabilidad del país. Situaciones que se escapan del control participativo popular de las bases, debilitándolas y hasta perdiéndose la soberanía ciudadana (Art. 3 de CPC) relegada a un margen muy estrecho de control y veeduría sobre los bienes públicos. Por ello se ofrece esta solución.
BLOQUE 1. UMBRAL DE INCERTIDUMBRE HUMANA Muchas cosas acerca de nuestras vidas permanecen inciertas. Algunas creemos conocerlas a partir del mundo, la naturaleza o el cosmos; otras las sostenemos apoyándonos en ciertos principios lógicos que juzgamos seguros dentro de las fronteras de nuestro conocimiento y experiencia actuales. Pero ese esfuerzo, aun siendo indispensable, resulta insuficiente cuando se trata de responder las preguntas más hondas de la existencia humana. Vivimos, sentimos, luchamos, enfermamos, amamos, tememos, buscamos sostenernos y, sin embargo, seguimos sin saber con claridad quiénes somos, de dónde venimos, para dónde vamos ni cuál es el verdadero sentido de nuestra existencia. Nos vemos lanzados a vivir bajo una paradójica incertidumbre permanente: convencidos de que poseemos identidad, voluntad y libre albedrío, aunque ni siquiera sepamos con certeza qué podrá ocurrirnos dentro de los próximos cinco minutos. Y, sin embargo, no podemos dejar de buscar. En nuestro fuero interno, pensamiento y sentimiento elaboran sin descanso las experiencias que recibimos del entorno y de nosotros mismos. Las filosofías, las religiones, las ciencias, las costumbres, las tradiciones y las experiencias individuales han intentado responder, cada una a su manera, a los grandes enigmas del ser humano. Pero las respuestas obtenidas rara vez logran satisfacernos del todo. Seguimos pensando. Seguimos preguntando. Seguimos sintiendo que algo esencial acerca de nuestra propia vida continúa sin esclarecerse. No es extraño, entonces, que toda persona humana, tarde o temprano, se vea enfrentada a una inquietud radical: la de conocerse a sí misma. No solo saber cosas sobre el mundo, sino identificar, comprender y valorar aquello que la anima, la sostiene, la altera y la orienta. Pues si hay una realidad que ningún ser humano puede eludir, es la de su propia vida; y, sin embargo, es justamente esa realidad la que menos conoce con profundidad. Pero esta incertidumbre no ha permanecido muda. A lo largo de la historia, la humanidad ha intentado responderla de innumerables maneras. Y, sin embargo, cuanto más ha hablado de la vida, de Dios, del alma o del destino, más parece haberse extraviado respecto al conocimiento de sí misma. BLOQUE 2. EL PROBLEMA DEL EXTRAVÍO Se han levantado religiones, filosofías, sistemas políticos, doctrinas morales, metodologías científicas y estructuras culturales enteras para intentar explicar el origen, el objeto y el destino del ser humano. Se han establecido principios, dogmas, leyes, teorías e hipótesis que durante siglos, e incluso milenios, fueron aceptados como incuestionables. Muchas de esas formulaciones, sin embargo, se sostuvieron más por tradición, temor o repetición que por una verdadera comprensión del ser acerca de sí mismo. La humanidad ha puesto enorme empeño en interpretar el mundo, pero ha permanecido sorprendentemente desorientada respecto a su propia naturaleza vital. Ha confundido la vida con su mera manifestación física, el existir con el comprenderse, el cuerpo con la totalidad del ser. Ha convertido en “misterios” muchos de los asuntos que quizá solo esperaban una comprensión más amplia, más honesta y mejor orientada. Y cuando no ha logrado comprenderlos, los ha llenado de dogmas, supersticiones, antagonismos o guerras absurdas, como si el desacuerdo sobre el nombre de las cosas pudiera alterar la realidad misma de aquello que intentan nombrar. Así, incluso allí donde se habla de Dios, del alma, del espíritu, de la salud o de la conciencia, se advierte una extraña desproporción: abundan las doctrinas, pero escasea el autoconocimiento; proliferan las creencias, pero falta claridad; se multiplican los sistemas, pero el ser humano sigue sin comprender suficientemente lo que es, lo que vive y lo que lo sostiene. De ahí que, a pesar de tantas orientaciones religiosas, filosóficas o científicas, continúe comportándose con frecuencia de manera destructiva frente a sí mismo, frente a sus congéneres y frente al entorno que lo sustenta. El mayor problema, por tanto, no parece residir en la ausencia de respuestas, sino en el extravío del eje desde el cual se busca responder. Hemos pretendido aclarar la vida sin conocer suficientemente la Vida misma; hemos querido sanar el cuerpo sin entender el alma que lo anima; hemos buscado sentido en estructuras exteriores mientras dejamos sin explorar la realidad más íntima y determinante del ser humano: su propia naturaleza vital. De ahí surge la necesidad de una hipótesis distinta: volver la mirada no tanto hacia los sistemas que hablan de la vida, sino hacia la Vida misma como realidad central del ser, como punto de partida para identificar, comprender y valorar aquello que realmente somos. BLOQUE 3. LA HIPÓTESIS CENTRAL Si de verdad queremos comenzar a conocernos, tenemos que atrevernos a volver la mirada hacia aquello que, siendo lo más íntimo, ha sido también lo más ignorado: nuestra propia Vida. No la vida entendida solo como transcurrir, como agitación cotidiana, como acumulación de años, episodios o recuerdos, sino la Vida como realidad central del ser, como naturaleza vital, como aquello que nos anima, nos sostiene, nos permite sentir, pensar, reaccionar, percibir y existir. Desde esta perspectiva, la respuesta a muchas de nuestras más antiguas inquietudes no habría que buscarla primero fuera, sino en la naturaleza misma de esa Vida que en nosotros se expresa como alma, psiquis, energía vital o biocampo, según el lenguaje con que se la quiera designar. Cambiar el nombre no altera su realidad. Lo importante es comprender que estamos hablando de una misma presencia fundamental: esa trama viva, invisible y complejísima que constituye el verdadero centro operativo del ser humano y sobre la cual descansa tanto su salud como su percepción, su conducta y su manera de estar en el mundo. Por eso, cuando aquí se habla del Alma, no se pretende introducir una figura abstracta, ni una superstición poética, ni una fantasía religiosa más. Se habla de la naturaleza energética vital del ser humano, de su única realidad verdaderamente propia, de su más cercano e intransferible tesoro. Porque mientras podamos ignorar muchas cosas del mundo exterior, jamás dejaremos de estar afectados por aquello que somos en lo más íntimo. Y si lo que somos permanece desconocido para nosotros mismos, entonces también nuestra salud, nuestras decisiones, nuestros vínculos, nuestros miedos y nuestras búsquedas quedarán inevitablemente confundidos. Lo que aquí se propone, por tanto, es una hipótesis de trabajo sencilla en su formulación, aunque inmensa en sus consecuencias: que es a través de esa naturaleza vital, de esa psiquis o alma, como el ser humano recibe, procesa, proyecta y organiza su experiencia. Que allí se halla la clave de muchas de las respuestas que hemos buscado en otra parte. Y que mientras no identifiquemos, comprendamos y valoremos esa realidad central, seguiremos intentando resolver la existencia desde sus efectos visibles, sin alcanzar a tocar su raíz. Pero una hipótesis así, para no quedarse en simple afirmación, debe atravesar el campo de las preguntas grandes, aquellas que han inquietado siempre a la humanidad y que todavía hoy laten, a veces en silencio, en el corazón de cada persona. BLOQUE 4. LAS GRANDES PREGUNTAS REORGANIZADAS Porque, si somos sinceros, casi toda vida humana consciente ha sentido alguna vez el roce de estas preguntas. ¿Quiénes somos realmente? ¿De dónde venimos? ¿Qué es aquello que en nosotros vive, siente, recuerda, teme, anhela y busca permanecer? ¿Qué relación hay entre el cuerpo que habitamos, el alma que nos anima y esa dimensión más alta que tantas culturas han intentado nombrar sin lograr agotarla? Y junto a estas preguntas sobre el ser, aparecen otras no menos urgentes, más cercanas incluso a la vida de cada día. ¿Por qué enfermamos? ¿Hasta qué punto nuestras creencias, emociones, pensamientos, percepciones y convicciones influyen sobre nuestra salud, nuestras decisiones y los resultados de nuestra existencia? ¿Qué relación hay entre lo que vivimos internamente y lo que más tarde se expresa en el cuerpo, en la conducta y en la calidad de nuestra manera de estar en el mundo? Surgen también las preguntas mayores, esas que la humanidad no ha dejado de arrastrar de época en época, aunque cambie sus lenguajes. La muerte, el destino, la reencarnación, la predestinación, la libertad, el libre albedrío, los llamados fenómenos extraordinarios, la intuición, la percepción ampliada, los sueños, la telepatía, los milagros, la suerte, la providencia, el misterio de lo divino. ¿Son solo fantasías acumuladas por la ignorancia humana? ¿O expresan, aunque sea confusamente, la intuición de que la existencia no se agota en lo visible ni en lo mensurable? También nos acompañan esas frases milenarias que atravesaron culturas, doctrinas y religiones, y que, aun repetidas hasta el cansancio, siguen esperando comprensión: “a imagen y semejanza del Creador”, “como arriba es abajo”, “hacedos como niños”, “la verdad os hará libres”, “renovaos por la transformación de vuestra mente”, “a todos se os dio en la misma medida”. ¿Qué quieren decir realmente? ¿Son fórmulas gastadas por la costumbre o indicios de algo que todavía no hemos aprendido a reconocer con suficiente profundidad? Todas estas preguntas, y muchas otras más, no deberían ser tratadas como simple curiosidad intelectual ni como entretenimiento especulativo. Tocan el centro mismo de nuestra condición humana. Porque en el fondo de cada una de ellas vibra una sola exigencia: la necesidad de conocernos mejor, de comprender la Vida que somos y de dejar de vivir tan alejados de nuestra propia realidad. Y si todas estas preguntas convergen, al fin y al cabo, en la necesidad de comprender la Vida que somos, entonces el siguiente paso no puede ser otro que mirar de frente sus consecuencias más inmediatas: la salud, el equilibrio interior y la forma concreta como vivimos, padecemos, enfermamos o nos restituimos. BLOQUE 5. APLICACIÓN A LA SALUD Y AL AUTOCONOCIMIENTO Si todo lo anterior tuviera que quedarse únicamente en reflexiones elevadas sobre el ser, el alma o el destino humano, correría el riesgo de parecer interesante, pero distante. Y, sin embargo, no es así. Porque la primera prueba de toda comprensión verdadera está en la vida concreta: en cómo sentimos, cómo reaccionamos, cómo enfermamos, cómo nos desgastamos, cómo nos sostenemos y cómo, a pesar de todo, seguimos buscando equilibrio, alivio, paz y sentido. La salud, vista desde aquí, no puede seguir reduciéndose solo al cuerpo físico ni a la simple ausencia de enfermedad. La salud compromete a la totalidad del ser. Tiene que ver con el modo en que percibimos, con aquello que creemos, con la forma en que valoramos lo que nos sucede, con la manera en que nuestras emociones, pensamientos y convicciones alteran o favorecen nuestra armonía interior. Lo que llamamos cuerpo no es una realidad aislada: es la manifestación más densa y visible de una arquitectura vital mucho más amplia. Por eso, cuando el alma se perturba, tarde o temprano algo de esa perturbación termina expresándose también en el soma. Dicho de una manera más directa: muchas de las dolencias humanas no pueden comprenderse a plenitud si se mira solo la parte material de la existencia. El cuerpo acusa, revela, refleja y somatiza. Pero lo que impresiona el campo vital del ser no se origina siempre en lo físico. También lo afectan las creencias, los miedos, los resentimientos, las tensiones afectivas, la desesperanza, la desorientación y toda esa larga serie de desequilibrios que solemos considerar “internos” como si no fueran profundamente reales. La salud, entonces, no depende únicamente de tratamientos externos, sino también del grado de armonía, claridad y dirección que logremos restituir en nuestra propia naturaleza vital. Esto obliga a una reorientación decisiva. Ya no basta con delegar por completo en otros la comprensión de nuestra vida, de nuestra salud y de nuestro sufrimiento. Sin desconocer el valor de la medicina, del conocimiento científico o de los recursos terapéuticos, el ser humano necesita recuperar una responsabilidad más consciente sobre sí mismo. Necesita aprender a observar lo que cree, lo que siente, lo que teme, lo que desea, lo que imagina y lo que proyecta. Porque todo ello participa, en mayor o menor grado, en la configuración de su equilibrio o de su deterioro. Conocerse a sí mismo, desde esta perspectiva, deja de ser una consigna filosófica o una frase admirable repetida hasta el cansancio. Se vuelve una necesidad práctica. Una necesidad de salud. Una necesidad de orientación. Una necesidad de supervivencia lúcida. Y quizás también una necesidad de dignidad, porque nada degrada tanto al ser humano como vivir enteramente sometido a fuerzas que lo gobiernan desde dentro sin que él las identifique, las comprenda ni las valore. Pero si la salud, la claridad interior y el equilibrio del ser dependen en tan alta medida del conocimiento que este alcance sobre sí mismo, entonces el problema deja de ser únicamente individual y se convierte también en una responsabilidad educativa, humana y civilizatoria. BLOQUE 6. LLAMADO ÉTICO Y PEDAGÓGICOPero si la salud, la claridad interior y el equilibrio del ser dependen en tan alta medida del conocimiento que este alcance sobre sí mismo, entonces el problema deja de ser únicamente individual y se convierte también en una responsabilidad educativa, humana y civilizatoria. Porque no estamos hablando solo de personas aisladas intentando sobrevivir como pueden, sino de generaciones enteras que han sido formadas en visiones incompletas de la vida, de la salud, del alma y del sentido mismo de existir. Durante demasiado tiempo hemos transmitido a nuestros hijos y a nuestras comunidades conocimientos fragmentarios, creencias heredadas y modelos de vida que, aunque a veces útiles en ciertos aspectos, han demostrado ser insuficientes para orientarnos hacia una existencia más armónica, más sana y más digna. Hemos educado para producir, competir, adaptarse, consumir, obedecer, destacarse o resistir, pero muy poco para conocerse, comprenderse, valorarse y vivir en correspondencia con la propia naturaleza vital. Y ahí radica una de las más graves desproporciones de la civilización contemporánea. No basta ya con lamentarnos por la violencia, la enfermedad, la ansiedad, la desorientación, las crisis colectivas o la pérdida de sentido. Tampoco basta con reformar superficialmente los sistemas si el ser humano continúa ignorando lo esencial acerca de sí mismo. Si queremos de verdad un mundo mejor, una convivencia más alta, una salud más robusta y una humanidad menos extraviada, entonces la educación tendrá que volver a orientarse hacia el conocimiento del ser sobre sí mismo. No como adorno espiritual ni como lujo intelectual, sino como fundamento de una nueva responsabilidad humana. Nuestros hijos, y con ellos las generaciones que vienen, merecen algo más que la repetición de los mismos errores con nombres distintos. Merecen herramientas para comprender la Vida que son, para habitar su salud de manera más consciente, para reconocer sus dones y límites, para discernir lo que los integra y lo que los fragmenta, y para participar de un mundo donde el saber no esté separado del cuidado de sí, del otro y de la vida en común. Si no les legamos ese esfuerzo, seguiremos entregándoles no solo un planeta alterado y una cultura convulsa, sino también una conciencia empobrecida respecto a su propia riqueza interior. Por eso este llamado no se dirige únicamente al individuo que desea aliviar su propio malestar, sino también a quienes sienten que ha llegado el momento de un viraje más profundo. Un cambio desde la raíz. Una reorientación que devuelva centralidad a la Vida, al autoconocimiento, a la salud integral y a la dignidad del ser humano como participante consciente de algo más amplio que sus urgencias inmediatas. Solo desde ahí podrá comenzar a gestarse una pedagogía distinta: una educación no orientada únicamente al rendimiento o a la adaptación, sino a la comprensión viva de lo que somos y de lo que estamos llamados a cuidar. Y, sin embargo, para que esa reorientación no quede encerrada en una mejora solamente práctica o psicológica, hace falta ampliar aún más la mirada y reconocer que la vida humana no flota aislada, sino que participa de un orden mayor, más vasto y más profundo que la sola banda visible de la existencia. BLOQUE 7. APERTURA COSMOLÓGICA Y TEOLOGALY, sin embargo, para que esta reorientación no quede reducida a una simple mejora práctica, terapéutica o psicológica, hace falta ampliar todavía más la mirada. Porque la vida humana no puede comprenderse del todo si se la considera aislada, encerrada en sí misma o desconectada del orden mayor del que participa. La existencia del ser humano no flota como un hecho separado en medio del universo: forma parte de una realidad mucho más amplia, más profunda y más antigua que su mera aparición física. A lo largo de la historia, todas las grandes corrientes del pensamiento, de la mística, de la filosofía y de la religión han intuido, de maneras muy diversas, que existe una Fuente, un Principio o una Realidad mayor de la cual todo procede, en la que todo participa y hacia la cual todo retorna, aunque nunca hayan logrado nombrarla sin limitarla. Algunos la han llamado Dios, otros la han intuido como Unidad, como Absoluto, como Corriente de Vida, como Logos, como Brahman, como Presencia o como Espíritu. Los nombres varían. Lo que permanece es la intuición de que nada vive verdaderamente separado del Todo. Desde esta perspectiva, el ser humano no sería una excepción arrancada del universo, sino una expresión singular de esa misma trama mayor. El micro universo humano y el macro universo no estarían escindidos, sino relacionados por correspondencia. Lo que ocurre en uno guarda proporción con lo que se manifiesta en el otro. Por eso tantas tradiciones han repetido, bajo distintas fórmulas, que lo de arriba y lo de abajo, lo visible y lo invisible, lo interno y lo externo, no son mundos extraños entre sí, sino planos de una misma realidad en distintos grados de densidad, organización y conciencia. Esto no pretende conducirnos de nuevo a dogmas rígidos ni a sistemas cerrados de creencias. Al contrario: busca despejar la tendencia humana a antropomorfizar, fragmentar y reducir lo inconmensurable a imágenes cómodas para la mente. Si aquí se alude a una dimensión teologal o divina, no es para encerrarla en definiciones, sino para recordar que la vida misma del ser humano participa de una realidad mayor, indivisible e inapropiable, cuya presencia puede ser intuida, pero nunca poseída ni agotada conceptualmente. Y esta ampliación no es un lujo especulativo. Tiene consecuencias decisivas. Porque cuando el ser humano empieza a comprender que su vida no se reduce a la superficie del cuerpo ni a la lógica inmediata de lo material, también cambia la manera en que se percibe a sí mismo, la manera en que interpreta su salud, su responsabilidad, sus vínculos, su destino y su valor dentro de la existencia. Entonces el conocerse a sí mismo deja de ser un ejercicio narcisista o introspectivo, y empieza a convertirse en una vía de reintegración con el orden mayor del que siempre ha formado parte. Y si esto es así, entonces el conocimiento del ser sobre sí mismo no solo puede conducir a una vida más clara y más sana, sino también a una forma más digna de habitar la existencia, de cuidar la Vida y de responder al llamado más hondo que ella misma parece dirigirnos. BLOQUE 8. CONVOCACIÓN HACIA LA LIBERACIÓN CONSCIENTE DE LA CONCIENCIAY si esto es así, entonces el conocimiento del ser sobre sí mismo no puede seguir considerándose un lujo, una curiosidad marginal o una especulación reservada a unos pocos. Se vuelve una necesidad. Una necesidad de salud, de claridad, de dignidad y de responsabilidad. Porque allí donde el ser humano no comprende la Vida que lo anima, termina despreciándola, fragmentándola o administrándola desde la ignorancia, el miedo o la repetición. Y allí donde comienza a reconocerla, a comprenderla y a valorarla, empieza también a cambiar la calidad de su presencia en el mundo. La Vida, entonces, deja de ser un simple hecho biológico o una costumbre de existir. Se revela como el más alto patrimonio del ser, como su más íntima riqueza, como el fundamento mismo de todo derecho, de todo deber y de toda posibilidad de realización. Nada hay más cercano a nosotros y, sin embargo, pocas cosas han sido tan descuidadas, tan mal comprendidas o tan superficialmente valoradas como la propia Vida. Quizá por eso la humanidad ha podido avanzar tanto en dominio exterior y tan poco en sabiduría interior. Este llamado no pretende imponer una creencia nueva ni sustituir por otro dogma las viejas limitaciones. Pretende algo más sencillo y, al mismo tiempo, más exigente: invitar a cada persona a volverse hacia sí con honestidad, a interrogar su modo de vivir, a revisar sus convicciones, a comprender la relación entre su salud, sus pensamientos, sus afectos, sus decisiones y la naturaleza vital que lo sostiene. Porque solo así podrá dejar de ser un extraño para sí mismo y comenzar a habitar su existencia con mayor verdad. Si el ser humano aprendiera a identificar, comprender y valorar la Vida que es, cambiaría también su relación con el cuerpo, con la salud, con los otros, con la naturaleza, con la educación y con el porvenir mismo de la especie. Cambiaría su forma de amar, de pensar, de decidir y de participar en la construcción de un mundo menos violento, menos enfermo, menos desorientado y más digno de la maravillosa posibilidad de existir. Por eso, todo esfuerzo dirigido hacia el conocimiento del ser sobre sí mismo, hacia la restauración de la conciencia sobre la Vida y hacia la recuperación de una relación más armónica con el alma, no debería ser visto como evasión, sino como una de las tareas más urgentes y más nobles de nuestro tiempo. Tal vez no se trate de buscar fuera una redención espectacular, sino de comenzar por este gesto esencial: volver a la Vida, reconocerla, honrarla y aprender a vivirla con mayor lucidez, mayor salud, mayor libertad y mayor amor. Si estas páginas logran despertar aunque sea una pequeña fisura en la costumbre de vivir distraídos de nosotros mismos, si consiguen sembrar en alguien la necesidad de conocerse con mayor profundidad, de valorar mejor su existencia y de orientar con más conciencia su paso por este mundo, entonces no habrán sido escritas en vano. Porque todavía es posible. Todavía estamos a tiempo de aprender a vivir de otro modo. Todavía puede el ser humano reencontrarse con lo mejor de sí y hacer de la Vida, no una carga absurda o una lucha ciega, sino una presencia digna, fecunda y luminosa dentro del gran tejido de la existencia.
Este texto no pretende ser simplemente un tratado teórico enfocado A LA PAZ Y LA SALUD, sino una convocatoria. Una invitación insistente, apasionada y a ratos combativa, para que el ser humano deje de vivir solo desde la superficie de su existencia y comience a identificar, comprender y valorar su Vida como realidad central, entendida no solo como funcionamiento físico, sino como Alma, psiquis, energía vital y tarea del consciente en pro de la conciencia.
Es un texto iniciático de orientación psicoespiritual y psicobioenergética que busca conducir al lector hacia una convivencia pacífica y saludable gracias a una comprensión más práctica, existencial y contemporánea del valor de la Vida, del Alma y del conocerse a sí mismo.
“No basta con vivir por inercia, ni con sostener el cuerpo, ni con repetir doctrinas heredadas”. Hay que volver a mirarse desde la raíz, desde la Vida misma que nos anima, para entender quiénes somos, por qué enfermamos, qué nos orienta y cómo podríamos vivir conviviendo entre nuestra especie u otra que existiere, de forma más plena, pacífica, sana, más consciente y más digna, dotada de intelectualidad.
Pretende devolverle al ser humano la centralidad de su propia Vida, no como concepto abstracto, sino como realidad que debe ser reconocida, comprendida, cuidada y orientada por todas las academias científicas, filosóficas, religiosas para vivir con mayor salud, conciencia consciente pacifica y sentido de pertenencia vital.
Este texto se ofrece como una reflexión orientadora sobre la salud, la Vida y el conocimiento del ser sobre sí mismo. Sin pretender sustituir desarrollos más amplios y estructurales, busca acercar al lector, de manera más inmediata y cotidiana, a una comprensión más consciente de su existencia, de su naturaleza vital y de la responsabilidad que ello implica en la preservación, valoración y mejora de la salud de la vida humana y la del planeta mismo..
Pretende tener un núcleo potente, una voz clara y un propósito noble, pero requiere una reorganización interna que permita al lector acompañar con mayor continuidad el hilo central, evitando la dispersión de ideas que hoy, aunque valiosas, aparecen a veces demasiado simultáneas o radicales. Estamos hablando del reconocimiento de los cinco (5) factores que determinan el grado de salud y buen convivir al que puede aspirar todo ser consciente de su naturaleza vital. La Vida. Si ese es su deseo estan cordialmente invitadas e invitados a visitar nuestro Grupo de Ciencia Psicobioenergética, donde podrá profundizar en todas sus actuales inquietudes, interactuando con todas y todos para despejar las grandes incertidumbres que hoy más que nunca aquejan a la conciencia por desonocer su ser. Su priopia naturaleza viviente. Adelante
La página de campaña lo definiremos como “Tres revoluciones para hacer de Itagüí una potencia nacional de la vida”, en esta plataforma (Socraci.com) para continuar y profundizar con el proyecto del cambio Progresista para toda la población que habite en el territorio Municipal.
Este documento corresponde a un eventual plan de gobierno de elección democratica es decir, una propuesta política para orientar una propuesta de gobierno local. Su eje principal es mantener la idea del Progresismo en Colombia como potencia mundial de la vida, pero reorganizada en tres grandes transformaciones: una revolución ética, una revolución social y económica, y una revolución política.
1. Enfoque general del proyecto
El programa se presenta como una continuidad del proyecto político del Progresismo, pero con ajustes frente al gobierno ilegalmente instaurado (si es que se consolida). Según el plan que tenga el nuevo Gobierno y abandone la idea de una transición al progresismo. Este plan pretende un gran acuerdo municipal. También utilizaremos el lenguaje de "paz integral “ en reemplazo de “paz total” con énfasis en la implementación del Acuerdo de Paz de 2016 y en diálogos más contextualizados por territorio.
El corazón del documento es una apuesta por la paz, la seguridad humana, la justicia social, la lucha contra la corrupción, la participación ciudadana y una economía más productiva, popular, campesina y ambientalmente responsable como una propuesta centrada en la paz, la seguridad humana y la justicia social.
2. Las tres revoluciones del plan
2.1 Revolución ética
La primera transformación es la Revolución Ética. Su objetivo es combatir la corrupción estructural, especialmente lo que el programa llama macrocorrupción. La propuesta parte de la idea de que en Itagüí no solo se enfrenta casos aislados de corrupción, sino redes organizadas que capturan partes del Estado y desvían recursos públicos.
Dentro de esta revolución se plantea la creación de un Sistema Muniipal contra la Macrocorrupción, con autonomía técnica y presupuestal. También se propone una unidad especializada dentro de la Fiscalía Local y Nacional para investigar redes completas de corrupción y perseguir sus finanzas.
El plan también propone llevar al Congreso una ley para tipificar la gran corrupción como delito grave de criminalidad organizada. Esto implicaría endurecer sanciones, eliminar beneficios como casa por cárcel para quienes dirijan grandes redes corruptas y limitar rebajas de penas.
Otro punto de esta revolución es la llamada austeridad republicana. Proponemos reducir el salario del Alcalde y de altos funcionarios del Municipio, además de reformar la Ley 80 de contratación pública, con el fin de hacer más transparente y eficiente el uso de los recursos municipales.
En resumen, esta primera revolución busca recuperar la confianza en las instituciones mediante más control, más castigo a la corrupción de alto nivel y una administración pública menos costosa y más vigilada.
2.2 Revolución social y económica
La segunda transformación es la Revolución Social y Económica. Esta parte del plan busca cambiar el modelo de desarrollo Mpal, fortaleciendo la producción local, la economía popular, la economía campesina, la transición energética, la agroindustria, la salud, el turismo y la bioeconomía.
Uno de sus puntos centrales es el Pacto Productivo, que propone una política industrial enfocada en sectores estratégicos. El plan incluye una revolución agraria para democratizar la tierra, con la meta de habilitar las hectáreas disponibles para, fortalecer la banca pública y crear la Alianza Municipal Alimentaria, pensada para conectar directamente a productores campesinos con el consumo alimentario local.
También propone fortalecer el empleo digno, la formalización laboral y un Sistema Mpal. de Cuidado. Este sistema busca reconocer, remunerar y redistribuir el trabajo de cuidado no pagado, realizado principalmente por mujeres.
En materia fiscal, el programa plantea eliminar privilegios tributarios a las altas rentas, fortalecer la DIAN contra la evasión y construir unas finanzas públicas sostenibles.
El programa también menciona la creación o fortalecimiento de mecanismos financieros públicos, como un Banco del Pueblo, orientado a comunidades sin acceso al sistema financiero tradicional. Se defiende esta propuesta junto con la consolidación de reformas laborales y pensionales.
En síntesis, esta revolución busca que el crecimiento económico no dependa solo de sectores extractivos o de grandes empresas, sino también de campesinos, trabajadores, mujeres cuidadoras, pequeñas unidades industriales productivas, regiones y comunidades históricamente excluidas.
2.3 Revolución política
La tercera transformación es la Revolución Política. Su objetivo es ampliar la participación y veeduría ciudadana, fortaleciendo la democracia y reformar instituciones consideradas débiles o capturadas por intereses políticos.
El plan propone apoyar la reforma de la Ley 152 de 1994 para consolidar la participación ciudadana en la planeación del desarrollo. También plantea una reforma política con listas cerradas, bloqueadas y paritarias, lo cual busca fortalecer partidos, reducir personalismos y garantizar mayor participación de mujeres.
Otro punto importante es la propuesta de complementar el Consejo con una Colegiatura de corte popular autónoma e independiente. Esta medida se presenta como una forma de fortalecer la confianza en el sistema administrativo 6radicional y reducir la politización de los órganos de control.
En justicia, el programa propone independencia judicial, fortalecimiento de la justicia ordinaria, investigaciones con enfoque de macrocriminalidad, despachos especializados en violencias basadas en género, fortalecimiento de la carrera judicial y una política de humanización cívica y penitenciaria.
Esta revolución también incluye una política exterior feminista, antirracista y decolonial, además de la creación de una Secretaria de las Migraciones para atender a la diáspora colombiana e internacional bajo un censo poblacional actualizado
En resumen, la revolución política pretende renovar la democracia regional, aumentar la participación ciudadana, reformar el sistema migratorio, fortalecer la justicia y la productividad local.
3. Paz integral y seguridad humana
Uno de los ejes más importantes del plan es la paz integral. Proponemos estructurarla en tres dimensiones: implementación del Acuerdo de Paz de 2016, transformación territorial y diálogos eficaces.
El documento establece límites para cualquier negociación con grupos armados, especialmente la protección de la niñez, los liderazgos sociales y las comunidades en los territorios. También plantea interrumpir corredores ilícitos y desmontar economías que financian la violencia, como extorsión, secuestro, minería ilegal y narcotráfico, mediante inteligencia financiera y extinción de dominio.
En cuanto a la Fuerza Pública, el plan propone dignificar sus condiciones mediante nivelación salarial, fortalecimiento del sistema de salud militar y policial, y un fondo de vivienda preferencial.
La seguridad no se concibe únicamente como presencia militar o policial. El programa insiste en una idea de seguridad humana, relacionada con derechos, justicia social, protección territorial, empleo, servicios públicos y presencia integral del Estado.
4. Justicia, víctimas y derechos humanos
La justicia ocupa un lugar transversal en el proyecto. Ámbito Jurídico resume que debe proponese una justicia orientada a la verdad, la reparación, la no repetición, la defensa de los derechos humanos y la superación de la impunidad.
Las víctimas del conflicto son presentadas como eje central. El programa propone fortalecer el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, así como articularlo con la política pública de víctimas.
En materia de corrupción, además de castigar penalmente las grandes redes, se plantea crear un Fondo de Reparación de Víctimas de la Corrupción y usar bienes recuperados por la Sociedad de Activos Especiales para obras, escuelas y acueductos.
5. Economía, campo y alimentación
El programa le da importancia al campo, a la economía campesina y a la producción nacional de alimentos. La propuesta de una Alianza Municipal Alimentaria busca conectar la producción campesina con el consumo local, reduciendo intermediarios y fortaleciendo la soberanía alimentaria.
La revolución agraria planteada busca democratizar la tierra, ampliar el acceso de campesinos y comunidades rurales a recursos productivos, y convertir el campo en un eje del desarrollo nacional.
Este enfoque se conecta con la idea de reducir desigualdades territoriales y construir paz desde las regiones, no solo desde las instituciones centrales.
6. Ambiente, transición energética y modelo productivo
El plan mantiene la idea de potencia mundial de la vida, lo que implica una visión ambiental del desarrollo. El programa rechaza el extractivismo y posiciona al Municipio como potencia de la vida y la diversidad.
La propuesta productiva incluye sectores como transición energética, bioeconomía, agroindustria, salud y turismo. Esto busca diversificar la economía y reducir la dependencia de actividades contaminantes o extractivas.
En términos simples, el proyecto intenta unir justicia social con justicia ambiental: producir más, pero cuidando territorios, comunidades y ecosistemas.
7. Diferencias frente a propuestas anteriores
El plan se considera más moderado que versiones o discursos anteriores. Según la propuesta de Asamblea Popular, reemplazar la “paz total” por una “paz integral” y ajustar su lenguaje económico para hablar en lugar de aumentos salariales vinculados a productividad y costo de vida, insistiendo en la idea de “salario vital”.
Esto muestra un intento de ampliar su base política y reducir temores de sectores de centro, empresariales o institucionales frente a una transformación demasiado radical.
8. Retos y críticas
El proyecto es ambicioso, especialmente en inversión social, reforma agraria, transferencias, lucha anticorrupción y ampliación de derechos. Sin embargo, uno de sus principales retos es explicar con precisión cómo se financiarían varias de sus propuestas. Ya que ampliar programas sociales y entregar tierras, tendrían un alto costo fiscal en medio de una situación difícil de las finanzas públicas.
Por eso, el desafío principal del plan no está solo en sus objetivos, sino en su viabilidad fiscal, su trámite en el Consejo, la Asamblea y el Congreso y la capacidad administrativa Municipal para ejecutarlo.
9. Conclusión
El proyecto Municipal para 2026–2030 propone continuar el horizonte del Progresismo pero con una estructura propia basada en tres revoluciones: ética, social-económica y política.
La Revolución Ética busca enfrentar la corrupción estructural y recuperar la confianza en el Estado. La Revolución Social y Económica propone una economía más productiva, campesina, popular, industrial, cuidadora y ambientalmente responsable. La Revolución Política busca ampliar la democracia, reformar el sistema administrativo fortalecer la justicia y garantizar mayor participación ciudadana.
En conjunto, el plan intenta presentar al Municipio como una potencia de la vida, la paz y la justicia social. Su mayor fortaleza es que articula paz, derechos, economía popular, lucha anticorrupción y democracia. Su mayor reto es demostrar cómo financiar y ejecutar esas transformaciones en un Departamento con restricciones fiscales, polarización política y fuertes desigualdades territoriales.
PROCEDIMIENTO:Las curules se adjudicaán de acuerdo a la estadistica que muestre el sistema basado en el numero de votos aportados por los participantes en campaña.. La competencia es abierta y publica, la selección la hace automaticamente el sistema y solo se definira estadisticamente según compromiso participativo de los actores. Primer renglon = Alcalde, seguido de las consejalias y las secretarías, Estas últimas podrán ser canjeables. Participa y constituye Tu propio servidor publico constituido orgullosamente por Ti! Has democracia!
Este espacio pretende recoger aquellas personas que aspiran apoyar el proceso progresista. Desde aquí Una vez inscritos pueden crear su propia red (en CAUSAS) señalando los compromisos que adquiere al ser elegido.
Fortaleciendo esta gran red de voluntari@s en todo el país. Tu voz, tus ideas y propuestas son importantes para construir los próximos pasos y mantener vivo este proceso progresista en los territorios.
El manifiesto plantea que, a lo largo de más de cinco mil años, la humanidad ha delegado su conciencia, su libertad y su poder en intermediarios religiosos, políticos y económicos que han administrado la voluntad colectiva en nombre de dioses, Estados, leyes, ideologías o supuestos ideales de progreso. Desde los antiguos imperios hasta las democracias modernas, esta intermediación habría sostenido estructuras de dominio, obediencia y sometimiento.
El texto recuerda que, aunque han existido figuras históricas que llamaron a la emancipación de la conciencia y a la dignidad humana, sus legados terminaron muchas veces absorbidos por nuevas formas de poder institucionalizado. Así, iglesias, revoluciones, partidos, corporaciones y sistemas de propaganda habrían reemplazado unos intermediarios por otros.
Frente a ello, el manifiesto propone que la humanidad está entrando en un momento de despertar colectivo, en el que empieza a reconocerse como una sola conciencia diversa pero interdependiente. Desde esa visión, se plantea la necesidad de superar los modelos tradicionales de representación, dominación y mediación, para dar paso a una forma de organización basada en la autogestión consciente, el diálogo participativo y la corresponsabilidad humana.
En síntesis, el manifiesto proclama el fin de la intermediación como paradigma de control y llama al surgimiento de una civilización en la que cada ser humano participe directamente, sin tronos, sin púlpitos y sin cadenas, en la construcción de una humanidad más libre, integrada y soberana.


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